Durante las últimas semanas, muchos medios se han hecho eco de las capacidades creativas de la Inteligencia Artificial. Se ha hablado de la capacidad creativa de las máquinas y de la capacidad creativa del ser humano.
A lo largo de la historia la creatividad se ha entendido de diferentes maneras, se cree por ejemplo que el primer homínido con capacidad creativa fue el Homo Sapiens, que debido a algún cambio en su córtex frontal, evolucionó y adquirió la capacidad de crear pinturas utilizando pigmentos minerales, y después aprovechó esta capacidad para pintar escenas de can. En la antigua Grecia, se consideraba la creatividad como un don divino y se atribuía a los dioses. Más tarde, en la Edad Media, se pensaba que la creatividad era un proceso mecánico, una especie de combinación de elementos. Y durante el Renacimiento, la creatividad se entendía como forma de expresión individual y se considera una cualidad esencial del ser humano.
Hoy en día definimos la creatividad como la facultad de crear, que consiste en producir algo nuevo, algo de la nada. Habitualmente cuando hablamos de creatividad lo asociamos a las artes (escritura, pintura, música, etc), pero es una visión muy limitada, la creatividad no sólo se liga a las artes, existe la creatividad en otros muchos ámbitos. Por otra parte, si asumimos la literalidad de la definición de creatividad, no podemos negar que una máquina sea creativa. Hoy en día las máquinas son capaces de combinar conceptos, conectarlos, y producir algo nuevo, o como dicen en la jerga legal los americanos un «transformative work«.
Así que, podemos decir que una máquina puede crear y por tanto tiene creatividad, por eso, utiliza algoritmos, es decir su creatividad está programada. Esta programación consiste en unir palabras calculando el producto cartesiano de su representación vectorial y evaluar si éste representa un fuerte enlace entre ellas. Una especie de imaginación estadística.
Obviamente cuando Miguel de Unamuno escribió «todo pelo tranquilo, la Luna, tranquila y sola, acariciaba la Tierra con su pelo de rosa, silvestre, blanca, escondida…» no hacía ningún producto cartesiano, sino más bien utilizaba su imaginación, la que el ser humano tiene. Y la imaginación requiere atención, acceso a la memoria episódica, capacidad de reflexión, conciencia de uno mismo, capacidad de supervisión de todo lo que nos llega del exterior y de grandes dosis de concentración, y todo esto funciona después de un proceso evolutivo muy complejo. Pero, como dice Yuval Noah Harari, «los humanos son esencialmente una colección de algoritmos biológicos moldeados por millones de años de evolución», así que hay algo de «algoritmos» en nosotros.
Y aquí es donde tenemos todos el mismo dilema, son las maquinas creativas. Mi opinión es que a su modo lo son, pero con matices. Por ejemplo, no tienen conciencia de sí mismas, podemos decir que no sueñan con vivencias propias ni se imaginan la «luna tranquila y sola, [..] blanca y escondida», pero si le pides que cree un poema al estilo de Miguel de Unamuno, el resultado es por lo menos convincente, «La luna blanca se la luna blanca. Es un espejo del alma humana, llena de misterio y soledad». Aparte de la rima mejorable, es una pieza única y nueva.
Así que, creo que podríamos decir que estas IAs tiene la capacidad de ser creativas y al mismo tiempo hacerlo de forma artificial, una especie de “Creartificialidad”, que , si lo llevamos a las artes plásticas, podríamos hablar de un “ Arteficial ”. Quizá sea momento de darle un nombre diferente a las creaciones producidas por las IAs.