Durante los últimos años, la conversación sobre la inteligencia artificial se ha centrado en sus capacidades: modelos mayores, mayor precisión, mayor velocidad. Pero, cada vez más, la pregunta relevante es otra: no se trata de lo que la IA puede hacer, sino de lo que la IA debería hacer.
Este cambio de perspectiva nos obliga a mirar más allá de la tecnología. Nos invita a preguntarnos qué tipo de sociedad queremos construir y qué papel debe jugar la inteligencia artificial para contribuir al bien común.
Esta visión fue una de las grandes protagonistas del AI for Good Global Summit, celebrado hace unas semanas en Ginebra bajo el paraguas de Naciones Unidas y la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU). Lejos de centrarse exclusivamente en los últimos avances tecnológicos, el congreso puso el foco en cómo la IA puede contribuir a dar respuesta a algunos de los grandes retos globales: mejorar el acceso a la salud, hacer más inclusiva la educación, reforzar la respuesta frente a emergencias, impulsar la sostenibilidad o reducir desigualdades. La tecnología dejaba de ser la protagonista para convertirse en un medio.
La tendencia global hacia una IA orientada al propósito ya no es sólo una aspiración. Y, en ese sentido, Catalunya no parte de cero. Una de las mejores muestras pudo verse precisamente en el AI for Good Global Summit en el marco de la Innovation Factory, la competición internacional de startups impulsada por la ITU.
Entre los proyectos seleccionados estaba la startup catalana Emily AI, ganadora del capítulo catalán de la Innovation Factory impulsado por la Secretaría de Políticas Digitales en el marco de la Digital Catalonia Alliance (DCA). Su solución, basada en el uso de la IA para personalizar las terapias de oxígeno, es un ejemplo de cómo la innovación catalana compite internacionalmente abordando retos de salud con un impacto directo sobre las personas.
Emily AI no es un caso aislado. Es el reflejo de un ecosistema que, desde hace años, apuesta por una determinada manera de entender la innovación: poner la tecnología al servicio de los retos sociales y económicos.
En Cataluña, la idea de poner la tecnología al servicio de las personas hace tiempo que forma parte de la agenda de la innovación. Desde la Digital Catalonia Alliance, esta visión se concreta, entre otras iniciativas, en la comisión Tech4Good, un espacio que agrupa a empresas, startups y organizaciones con la voluntad de compartir experiencias, generar colaboraciones y demostrar que la innovación también puede ser una herramienta de transformación social.
Esta misma forma de entender la innovación inspira también el trabajo de i2CAT. El centro trabaja con una aproximación enfocada a misión: parte del reto e identifica qué tecnología puede darle respuesta. Por eso impulsa una IA resiliente, soberana, fiable y centrada en las personas, combinando el desarrollo de tecnologías líderes con la investigación sobre sus impactos sociales, la ética, la gobernanza y los derechos digitales. Porque una IA con propósito no depende sólo de la calidad de los algoritmos, sino también de la capacidad de entender las necesidades reales, medir su impacto y generar confianza.
Este enfoque se materializa en proyectos como ONA, un asistente para el cálculo de fármacos en emergencias pediátricas, en soluciones de IA para anticipar riesgos en el territorio o en iniciativas de innovación abierta como DCA Challenge, que conecta los retos de las organizaciones con las capacidades del ecosistema tecnológico catalán. También se traduce en proyectos desarrollados con la Generalidad de Cataluña para impulsar una administración más innovadora, eficiente y orientada a mejorar la vida de las personas.
Es probable que en los próximos años sigamos viendo avances espectaculares en la capacidad de los modelos de inteligencia artificial. Pero el liderazgo no se medirá únicamente en el número de parámetros o potencia de cálculo. Se medirá también en la capacidad de generar confianza, de impulsar una gobernanza responsable y, sobre todo, de demostrar que la IA contribuye a construir una sociedad más próspera, inclusiva y democrática.
Cataluña cuenta con los ingredientes necesarios para liderar este movimiento global. Las empresas innovadoras, el talento, unas políticas públicas alineadas con esta visión e iniciativas como la Digital Catalonia Alliance, junto a centros de investigación de excelencia, configuran un ecosistema con la capacidad de convertir la inteligencia artificial en una palanca de competitividad, progreso social y mejora de la calidad de vida de las personas.